MI CIUDAD
En mi ciudad está todo, lo peor y lo mejor, como si fuese el libro definitivo que aún no me ha encontrado. En ella habitan la vida en la calle, los días de luz, las noches de verano, cierta forma de tentar a quienes la respiramos a encontrarnos y a buscarnos.
En mi ciudad hay ciertos olores impagables, a mar que agoniza al alba, a atardeceres con azahar, a polvora quemada y es que esta urbe es de los sentidos, como otras son de la razón.
Es contradictoria como somos las mujeres. Puritana y trasgresora .
Y una, que a veces ha estado en ciudades de paso, no puede evitar esa melancolía cuando abre los ojos y no ve su mar.
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