jueves, 28 de enero de 2010

ADICTA A EL

Es el que más me pone, ya sea por la mañana, despues de comer, a media tarde, para estar con el cualquier hora es buena. Ni el guaperas de George Clooney a su lado tiene nada que hacer, ¡ mmm ! no hay ninguno como el. Es fuerte, con cuerpo y me gusta muy pero que muy negro ¡ayyyyyyy!. Soy una viciosa lo reconozco totalmente adicta a sus encantos y no voy a renunciar nunca a el, su nombre, Cafè.


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Se cuenta que su origen esta en Africa y que los primeros en consumirlo fueron los arabes. Los europeos tenemos noticias del café en Venecia, alrededor de 1585 por relatos que llegaban acerca de los turcos que tomaban una bebida muy caliente que les revitalizaba cuerpo y mente ( y no era el Redbull, si no el café). Ya en el siglo XVIII los europeos lo llevaron a América y allí sobre todo en Brasil y Colombia arraigo su cultivo.

Hemos de saber que el café esta compuesto por más de 700 compuestos organicos e inorganicos.

Según su gusto o sabor puede ser, meloso, acido o blando.


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La preparación de un café es muy importante y a parte de la materia prima, como se prepare influirá mucho en que sea un café perfecto.

Hay algunos consejos que no debemos olvidar:

Ha de estar bien molido para conseguir la crema.
El agua a utilizar ha de ser lo más pura posible, mejor si es embotellada pues el cloro le da gusto.
Se debe servir en tazas de porcelana o barro y deben de ser altas y estrechas porque asi se conserva mejor el aroma y la crema.
Algo que nunca debemos hacer es calentar el cafe eso es un sacrilegio .

El café es mucho más que una bebida de color negro, alrededor de ella se creo una cultura muy importante. En los cafés se daban tertulias literarias, políticas, musicales. Reunirse alrededor de un café y charlar es algo que todavía hacemos. Fue fuente de inspiración de escritores, poetas , pintores.

Un pequeño ejemplo de todo ello puede ser este:



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HOMBRE EN EL CAFE (1912)


JUAN GRIS




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TERRAZA DE CAFÉ POR LA NOCHE (1888)



VICENT VAN GOGH




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MUJER CON CAFETERA (1890-1895)


PAUL CÉZANNE


Tambien encontramos muchas referencías literarias sobre el café :


Ernest Hemingway (Adiós a las armas)

Salté del tren en Milán, cuando aflojaba la marcha para entrar en la estación, en las primeras horas de la madrugada, antes de que empezase a clarear. Atravesé las vías y me deslicé por entre unos edificios hasta salir a la calle. Había una bodega abierta y entré para tomar café. Olía a madrugada, a polvo barrido, con cucharillas dentro de vasos de café y redondeles húmedos dejados por vasos de vino. El dueño estaba detrás del mostrador. Dos soldados se hallaban sentados a una mesa. Me quedé en el mostrador y bebí un vaso de café y comí un pedazo de pan. La leche daba al café un color gris y recogí la capa de nata que había en la superficie con un trozo de pan. El dueño me miraba.

James Joyce (Ulises)

Cuando cruzaban, pisando la espesa alfombra, Buck Mulligan susurró a Haines, detrás de su jipi:
-El hermano de Parnell. Ahí en el rincón.
Eligieron una mesita junto a la ventana, frente a un hombre de cara larga, cuya barba y mirada estaban atentamente pendientes de un tablero de ajedrez.
-¿Es ese?-Preguntó Haines, retorciéndose en su asiento.
-Si-dijo Mulligan-. Ese es John Howard, el hermano, nuestro jefe de la guardia municipal.
John Howard Parnell trasladó un alfil blanco silenciosamente y volvió a elevar la garra gris a la frente, donde se apoyó.
Un momento después, bajo esa pantalla, sus ojos miraron rápidamente, con brillo espectral, a su adversario, y volvieron a caer otra vez sobre un sector de las maniobras.
-Voy a tomar un café vienés-dijo Haines a la camarera.
-Dos cafés vieneses -dijo Buck Mulligan-. Y tráiganos unos scones con mantequilla y algunas pastas también.

Franz Kafka (La metamorfosis)

Pero en el momento en que Gregorio empezaba a avanzar lentamente, balanceándose a ras de tierra, no lejos y enfrente de su madre, ésta, pese a su desvanecimiento previo, dio de pronto un brinco y se puso a gritar, extendiendo los brazos con las manos abiertas: "¡Socorro! ¡Por el amor de Dios! ¡Socorro!" Inclinaba la cabeza como para ver mejor a Gregorio; pero de pronto, como para desmentir esta impresión, se desplomó hacia atrás, cayendo sobre la mesa, y, ajena al hecho de que estaba aún puesta, quedó sentada en ella, sin darse cuenta de que a su lado el café salía de la cafetera volcada, derramándose sobre la alfombra.
-¡Madre! ¡Madre! -gimió Gregorio, mirándola desde abajo. Por un momento se olvidó del gerente, y no pudo evitar, ante el café vertido, abrir y cerrar repetidas veces las mandíbulas en el vacío. Su madre, gritando de nuevo y huyendo de la mesa, se lanzó en brazos del padre, que corrió a su encuentro.

Y para terminar un corto de animación frances con la visión irónica del tema porque ya se sabe los excesos es lo que tienen.



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