lunes, 4 de agosto de 2008

EL JOVEN APRENDIZ



Aviso este relato es de contenido erotico asi que si no te interesa no sigas leyendo .

La despertó el sonido de unos golpes en la puerta ,salió de la cama somnolienta y abrió la maldita puerta ,unos ojos curiosos le miraron sin decir nada.
_ ¿si? Preguntó con mala leche.
_ El desayuno.
_ Pasa, déjalo donde puedas.

El joven paso detrás de ella sin poder evitar que sus ojos se fueran hacia las posaderas de ella marcadas por un diminuto camisón. No pudo evitar sentir un repizco en la entrepierna, es lo que tiene tener 18 años recien cumplidos, estar pensando casi siempre en sexo y no poder practicarlo con nadie aparte de su inseparable mano.

La mujer se sentó en una silla, era joven, en la treintena. Pudo apreciar sus piernas fuertes y torneadas, pudo observar el tamaño de sus pechos generosos y levantados aun. Los pezones se adivinaban marcándose en el camisón. Era muy blanca.

El joven empezó a sentirse ridículo, estaba excitado , notaba la presión del pene en el pantalón.
_¿ Que miras?, le preguntó ella bostezando, ya que estas aquí podías arreglarme la ducha, gotea y no puedo pegar ojo.
_ Enseguida se la miro_ Y se dirigió al baño.

Entrar allí fue una tortura. En la ducha, colgado, había un tanguita negro diminuto, minúsculo. Su sola visión le hizo excitarse más. Se imaginó quitándoselo con la boca, estaba fatal no haber follado aun. Le traía por la calle de la amargura.

Mientras la mujer se tomaba el zumo, al menos era natural pensó, se preguntaba que hacia ella en una cabaña de madera. Quería estar sola y estas cabañas que se había encontrado en su huida le habían venido bien para esconderse después de lo que había descubierto. Ver a su marido follando como a una perra a su vecina, una cuarentona con un culo como una mesa camilla… y ni siquiera pararon, estaban en el momento álgido y se quedó allí viendo como la muy guarra gritaba. Tras terminar ellos ,les dijo:
_He de reconocer que la follas mejor que a mí, porque conmigo no sabes ni meterla .Y se alejó de allí con lo puesto, desgarrada por dentro.

Ahora estaba aquí, en una cabaña de madera, en medio de la nada y agrietada por dentro. Por fin dejó de oir el goteo de la ducha. El chaval parecía haber solucionado el problema. Mordisqueó un croisant de la bandeja que le había traído el chico, estaba delicioso y no faltaba de nada. Dos pequeños termos con café y leche, croisants, tostadas ,zumo, mantequilla y mermelada de diversos sabores.

_Ya esta arreglado, dijo el chico saliendo del cuarto de baño.
_Gracias y perdona por lo de antes, no tengo buen despertar.
_No pasa nada, hasta luego, disfrute del desayuno.

Cuando salio de la cabaña respiro aliviado. ¡Que tenia mal despertar! Ya quisiera él tener una mujer así recién levantada, sin duda alguna debía hacer algo con sus hormonas ya, era curioso el complejo de cabañas estaba lleno de chicas jóvencitas en biquini y nada, ¿Por qué ésta mujer le había excitado tanto?.

No salió a comer, se pasó la mañana tumbada, viendo la telebasura sin pensar en nada. Miró el folleto del complejo y vio que había cafetería y piscina, decidió salir a bañarse. Llevaba en el coche la bolsa que utilizaba en las clases de natación. No había nadie, supuso que la gente estaría echando la siesta tras comer. El agua estaba fresquita lo que agradeció, se sumergió y cuando salio vio que había alguien más. El joven que le había llevado el desayuno estaba tumbado tomando el sol. Lo observó con detenimiento. Era bastante alto, fibroso, debía ir al gimnasio pues los pectorales se le marcaban. El muchacho se incorporo y la sorprendió mirándolo. Le saludó con la mano. Se volvió a sumergir avergonzada, ¡mirando a un jovencito! Hacia mucho que no hacia el amor. Ella pensaba que esa etapa de su matrimonio acabaría tarde o temprano. Javier nunca había sido bueno en la cama, es decir, era el típico egoísta que sólo pensaba en él pero ella lo quería. Salió de la piscina nerviosa sin mirar atrás.
Cuando llego a la cabaña se dirigió al baño y se quito el biquini, se miro al espejo y la mujer que le miraba parecía estar nerviosa. Estaba bien formada y con una piel blanquísima, salpicada de pecas. Los pechos, grandes, mostraban unos pezones erectos de un suave rosado. Se empezó a acariciar un pecho, vio como su piel se estremecía por el contacto. Se dirigió a la ducha y se ducho con rapidez. Salió sin secarse, las gotas de agua le resbalaban por todo el cuerpo, peinó con rapidez su cabellera pelirroja estirando los rizos naturales que volvían a resurgir tras pasar el peine por ellos como ondas de fuego. Sin más se dirigió a la cama de matrimonio, se tumbó en ella y encendió el ventilador de techo. Toda su piel se estremeció al sentir el aire sobre su cuerpo, era como si el viento te acariciara y empezó a jugar con sus pezones. Necesitaba sentirse viva, sintió que el deseo la inundaba, separo su piernas delicadamente y mientras una de sus manos se entretenía con un pezón la otra se sumergía delicadamente hacia el monte de venus. Un gemido suave surgió de su garganta.

El joven descubrió el pareo de la mujer en el suelo cuando ésta ya estaba lejos, esperó un poco, su sola visión le había provocado una fuerte excitación y cuando consiguió calmarse la siguió. Iba a tocar a la puerta cuando escuchó algo que provenía de dentro de la cabaña: eran gemidos. No llegó a tocar y se encamino a la ventana mas próxima. Allí lo que vislumbro tras los visillos lo hizo enrojecer pero se quedo quieto observando maravillado por lo que veía.

La mujer se dejó arrastrar por lo que sentía. Estaba flotando en un mar de deseo y sensualidad, sus gemidos cada vez eran más fuertes, era como hundirse cada vez más y conforme se iba hundiendo, más excitada se sentía. Giro la cabeza y vio alguien en la ventana, un segundo de pánico pero le importo una mierda, siempre había sido un poco remilgada a que sus parejas la vieran y ahora no importaba, incluso la excitó más. Volvió a mirar descaradamente y creyó ver al joven del desayuno y la piscina, fue solo un segundo y la imagen desapareció.

Le había pillado mirándola, pero no parecía importarle. El pareo lo llevaba fuertemente apretado en la mano y sentía como su pene estaba hinchado y duro preso del deseo. En un acto de valentía llamó a la puerta.

Unos golpes sonaron en la puerta e, instintivamente, supo de quien eran. No lo pensó y como estaba salio a abrir.

Cuando ella le abrió desnuda no parpadeo, entró en la cabaña cerró la puerta y le dijo todo serio:
_Su pareo.

Ella se le quedo mirando, estaba agitada. Él la volvió a mirar y vio en sus ojos el mismo deseo que él sentía , se le acerco y la cogió en brazos hasta la cama. Allí la dejó caer con suavidad. Mientras él se quitaba el bañador lo miro sin disimulo mientras se quedaba desnudo. Era hermoso, con un aparato enorme y erecto como un mástil. El joven aprendiz que tanta teoría tenía decidió con valentía hacer disfrutar a esa mujer. Empezó por su cuello, que mordisqueo con suavidad mientras ella tocaba su culo agarrándolo con fuerza. Era su piel como la porcelana blanca y delicada, salpicada de pecas. Era pelirroja natural, no había duda observando la suave mata de vello púbico que tanto deseaba acariciar. Cogió un pezón ya erecto entre su boca y lo chupó delicadamente, se ponían rojizos cada vez que los chupaba. Podía oírla gemir, para él era un sueño saborear esos pechos llenos, dedico bastante tiempo a ellos, comiéndoselos con fruición, como la más rica fruta.

La mujer ronroneaba como una gata, no pensaba, sólo se dedicaba a sentir. El joven aprendiz se saciaba con sus pechos agarrándolos, estrujándolos, chupándolos . Se separó un poco de él, asustándole, sólo quería saborear su joven cuerpo. Lo empujó y quedó sobre él. Comenzó a besarlo por el cuello, a morderle con pequeños mordiscos, a pasar su lengua por su torso desnudo, a coger sus pequeños pezones y morderlos sintiendo como se iba excitando cada vez más.
Cuando ella posó su lengua sobre la punta del pene, creyó que se iba a correr. Si seguía así lo haría enseguida. Ella parecía experta y devoraba su polla con fruición. Le gustaba esa polla joven, le divertía chuparla y ver como casi estallaba en su boca. Era como sentirse viva de nuevo, sabía que si seguía el joven se correría en su boca y no quería. Necesitaba sentir una polla dentro asi que paró dándole al chico un tiempo de respiro.

Suspiró aliviado ya que no quería correrse tan rapido. Quería penetrarla y correrse dentro de ella, hacía tanto que lo necesitaba. La mujer se había apartado a un lado y se estaba masturbando El la miró, era espléndida tanto como su polla erecta. Miro el objeto de su deseo, algo que siempre le había fascinado. Aparto la mano de la mujer que estaba utilizando y se sumergió en algo nuevo que nunca había explorado.
Podía sentir como le gustaba lo que le estaba haciendo, podía sentir como le gustaba a él. Su lengua saboreaba su clítoris, lo besaba, mordía los labios y se perdía en su interior. La mujer apretó las piernas sobre su cabeza con fuerza y él no podía parar, la sintió flexionarse, apretarse, la escuchó gritar y caer en total laxitud. Se había corrido en su boca.
Acto seguido se giro y se acurrucó a un lado para descansar, él no podía más y notaba como pulsaciones en su pene. Se quedó quieto sin pensar intentando controlar lo que sentía. Cerró los ojos, no podía quedarse así. Cuando los volvió a abrir ella estaba sentada, mirándole, su mano se acercó a su pene y sólo lo rozó pero ese contacto fue suficiente para hacerlo estremecer. Acto seguido ella se coloco encima, aproximando sus pechos a la boca de él, parecía recuperada y con ganas. Le cogió un pezón con fuerza y lo mordió sin saber lo que hacia. Ella gimió, le tenia sujetas las manos con las suyas, notaba como su polla se clavaba en la entrada de sus deseos, lo estaba torturando vivo.

Estaba jugando con él, estaba haciendo lo que nunca había hecho antes, mandar. Había tenido un orgasmo fuerte, inmenso, pero quería más, quería esa polla hinchada dentro de ella. Miro la cara del chico implorante y sin pensarlo se sentó sobre el introduciendo el pene dentro de ella, ambos suspiraron, él emitió un gemido largo, quería morirse de placer. Ella seguía sujetándole ambas manos, empezó a moverse lentamente, gimiendo al compás de sus movimientos. Estuvieron así un rato pero él no podía más, soltó las manos que lo sujetaban con fuerza y la giró hasta quedar encima. Ella rió complacida y le abrió las piernas. Ni se lo pensó, introdujo su polla con fuerza, sin poder contenerse más, dando embistes cada vez mas fuertes, notaba como ella le araña la espalda y gemía sin parar. El no podía parar, estaba descontrolado por lo que sentía cada vez más fuerte.

La oyó susurrar: fóllame, no pares. Eso lo excitó más y se dejó llevar por un mar de sensaciones extremas.
Los embistes del joven cada vez eran mas fuertes, sentía como su pene se acoplaba perfecto a su vagina, sentía sensaciones olvidadas, muertas, por primera vez en mucho tiempo se sentía viva. Fue como una explosión de pequeñas descargas, pequeños orgasmos que culminaron con uno grande y largo mientras sentía un calor incandescente entrar dentro de ella. El sintió que no podía más y explotó descargando dentro de ella toda su pasión. Cuando acabó estaba encima de ella e intentó apartarse pero ella se apretó a él y así permanecieron mientras se recuperaban.
No había nada que decir. Ella le dio un dulce beso en los labios y se marcho al baño, él sabía que no debería estar cuando ella saliera.

Mientras se duchaba sintió que estaba viva, muy viva. Esa misma tarde volvería a casa y solucionaría su vida.

El chico iba sonriendo mientras cerraba la puerta de la cabaña. Al fin y al cabo la vida con 18 no era tan mala después de todo.

No hay comentarios: